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Ácido láctico, ¿se puede controlar?

Ácido láctico

Si tuviésemos que elegir el gran enemigo de la práctica deportiva, tras las lesiones sin duda vendría el ácido láctico. El ácido láctico es producido por nuestros músculos en la práctica deportiva. Hace un tiempo en el Blog os hablamos de la resistencia anaeróbica láctica y aláctica, os  recomendamos releer ese post. Para poder “controlar la producción de ácido láctico” y sus daños a nuestros músculos es necesario conocer como se genera y metaboliza. Eso es lo que intentaremos en el post de hoy, y recordaremos que para ir de prisa debemos ir despacio antes. Muy deprisa, muy despacio antes, sí parece contradictorio lo sabemos pero es lo que hay…

Entrenamiento y fisiología

Los estímulos físicos producen ciertos efectos fisiológicos en nuestro organismo. Cualquier estímulo tiene su respuesta y sus consecuencias. De ahí que sea tan importante cumplir la programación de los entrenamientos y no hacer entre medias “ninguna locura”. Pues éstas tendrán su consecuencia en nuestro organismo. Todo lo que esté planificado revertirá en unas consecuencias buscadas y necesarias para cumplir objetivos. El resto tendrán consecuencias que en el peor de los casos arruinarán el trabajo planificado. Así las cosas has de saber que cuando tu entrenador te dice “has de hacer esto esta temporada” es todo con un objetivo. Entrenar por entrenar a nuestra bola no nos ha llevado a nada bueno ¿no? Haz caso a tu entrenador.

En otras entradas del Blog hemos hablado de la necesidad de hacer llegar oxígeno y alimento a los músculos. Pues bien hay algo que nos ayuda a llevarlo son los vasos capilares. Estos envuelven a nuestros músculos. Cuantos más vasos capilares más eficiente será el trabajo de los músculos. Cómo se generan más vasos capilares con el desarrollo de nuestras capacidades aeróbicas. Como ya sabemos a más capacidad aeróbica más tiempo de ejercicio a altas prestaciones. La recuperación de los esfuerzos será más eficiente. ¿Quién es el responsable de la creación de vasos capilares? Pues la parte líquida de la sangre, el plasma. Vamos a ver cómo se hacen vasos capilares.

Creando vasos capilares

El corazón se contrae y lanza la sangre por toda nuestra red de arterias. Ese movimiento recibe el nombre de sístole. Bien una gota de plasma entrará dentro de un vaso capilar. Quedará comprimida entre las paredes de éste. La misión del plasma es encontrar el punto débil del capilar. Contracción va y contracción viene, al final el plasma conseguirá doblegar ese punto más débil y se formará otro capilar. Esta es una reacción en cadena y sigue recubriendo los músculos de vasos capilares. Estaría genial que el plasma solo se ocupará de la creación de esos vasos capilares, pero entonces nuestro organismo sería demasiado simple. Y no, su grandeza es su complejidad. El plasma sanguíneo tiene otra misión, neutralizar el ácido láctico que genera el organismo en la actividad física.

Ácido láctico, cómo lo aprovecha el plasma sanguíneo

El ácido láctico por si mismo es como un veneno, y nuestro antídoto es el plasma sanguíneo. Nuestro antídoto es muy inteligente, porque no se conforma con neutralizar el veneno. Lo transforma en algo que sea productivo. ¿Qué puede ser productivo en este caso? Pues una forma de alimento, algo que sea comestible por nuestro organismo. Ya que tenemos dentro el ácido láctico aprovechemos su presencia ¿no? Nuestro plasma sanguíneo tiene concentraciones de sustancias bicarbonatadas. Estas sustancias al entrar en contacto con el ácido láctico lo convierten en lactato. Esta otra sustancia sí que puede servir de alimento para nuestros músculos.

Trabajando en intervalos de pulsaciones de bajas a moderadas nuestro plasma fluye sin problemas por los vasos capilares. Puede ir al tiempo aumentando la cantidad de éstos. Ahora empezamos a subir el ritmo y la cosa se acelera. Llegamos a ese punto en el que generamos el dichoso ácido láctico. Nuestra red de capilares es capaz de detectar la acidosis que se está produciendo. Y deciden que es el momento de hacerse lo más permeables posibles. Dejarán pasar el plasma sanguíneo que se fijará en las fibras musculares. De tal modo que se empiece a convertir el ácido láctico en lactato.

Claro que si tenemos al plasma sanguíneo luchando con el ácido láctico decimos adiós a la creación de más vasos capilares. Lo peor es que aún hay otra consecuencia más. La circulación sanguínea está perdiendo su parte líquida en esta lucha. Esto conlleva que la sangre se espesa, lo que conlleva que el corazón debe hacer un esfuerzo extra para retornar la circulación. Precisa de contracciones muy fuertes para que circule la sangre, esto hace que el corazón no se agrande que es el objetivo que se busca al comenzar la temporada. De ahí la gran importancia del acondicionamiento general en el inicio de la temporada.

Los beneficios del periodo de acondicionamiento

Trabajamos en ese periodo de acondicionamiento general a pulsaciones bajas. Poco a poco según pasan las semanas se van incrementando las pulsaciones. La intensidad del ejercicio sube. De este modo alargamos el periodo del entrenamiento en el que no generamos mucho ácido láctico. Lo cierto es que su producción estará bajo mínimos, controlada. Nuestro plasma sanguíneo puede dejar de lado la función de neutralizar y dedicarse a la creación de vasos capilares. En ese periodo de acondicionamiento general podemos llegara a crear hasta un cuarenta por ciento más de vasos capilares.

Como todos los estímulos físicos tienen consecuencias en nuestro organismo ese aumento en la red de capilares hace descender la presión sanguínea. Para compensar esa bajada y evitar los peligros consecuentes, la parte líquida de nuestra sangre aumenta para compensar. Este aumento de parte líquida de la sangre da en más de una ocasión resultados de falsa anemia. Más líquido con los mismos hematíes y hematocrito en menor porcentaje.

Siguiente consecuencia, el corazón recibe más cantidad de líquido. Esto hace que las fibras se vayan estirando para adaptarse al nuevo volumen. Consecuencia se agranda el corazón, objetivo perseguido al inicio de la temporada. Nuestras pulsaciones en reposo irán bajando. Dándose la peculiaridad de que a menos pulsaciones se desarrollará mayor velocidad.

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